Yoe Suárez

La Habana, 1990

Por Mariana Mora

La carrera periodística de Yoe Suárez ha estado encaminada, en gran parte, a desmentir las narrativas oficiales del Partido Comunista en Cuba. Este tipo de investigaciones le costaron la persecución del Estado y, posteriormente, el exilio. “Para ser periodista bajo un régimen totalitario tienes que estar completamente loco. Tienes que ser un poco romántico”, reflexiona en retrospectiva.

Empezó a trabajar en 2014 como corresponsal en Cuba para el medio estadounidense CBN News mientras hacía su servicio social obligatorio en la agencia oficial Prensa Latina. Paralelamente, publicaba en un blog trabajos críticos contra el gobierno que no podía publicar en otros medios. Tanto su trabajo con CBN News como su blog lo expusieron a la vigilancia estatal. 

En 2016, tras el fallecimiento de Fidel Castro, escribió un par de crónicas críticas sobre la figura del líder cubano. Debido a esto, fue expulsado de Prensa Latina y vetado del sistema de medios estatales. “Yo tenía deseos de hacer periodismo y no propaganda, así que me quedé en el sistema de medios independientes”. 

A finales de 2017, Suárez comenzó a colaborar con Diario de Cuba, haciendo periodismo de investigación. Su trabajo se centró en la persecución estatal a grupos religiosos y estrategias de represión del régimen, como la ciber-vigilancia, la prohibición de viajar y la tortura. 

En 2021, fue reconocido con el segundo lugar del Premio de Periodismo Investigativo que organiza el Centro Latinoamericano de Periodismo (CELAP) por su reportaje Patrulla-horno, que documenta un método de tortura que implementa la Seguridad del Estado durante interrogatorios.  

Aunque ya antes había sido hostigado por agentes del Estado, a partir de 2020 el acoso en su contra se intensificó. Las agresiones iban desde suspensiones del servicio de internet y citaciones policiales hasta decomiso de equipos y expulsión de ciudades donde reporteaba. También fue secuestrado e interrogado por la policía política. “Fue la primera vez que me ‘sugirieron’ que tenía que irme del país, porque me iban a hacer la vida mucho más difícil en Cuba”. 

Desde entonces, Yoe y su familia vivieron, en promedio, una agresión cada tres semanas. Finalmente, salieron del país en agosto de 2022, luego de que él y su esposa fueran amenazados por agentes estatales con perder la patria potestad de su hijo. 

Al llegar a Estados Unidos, Yoe trabajó un tiempo en la construcción, poniendo alfombras y haciendo mudanzas. Tuvo que dejar su empleo en Diario de Cuba, aunque recientemente ha retomado el periodismo en Yucabyte, otro medio independiente cubano, y The Hill, un medio estadounidense. 

También está dando clases de periodismo en Ashland University, en Ohio, y dio clases de escritura de no-ficción en una maestría en literatura creativa. Aunque su carrera se ha encaminado hacia la docencia, se siente agradecido de tener estos espacios donde puede seguir hablando de la realidad de su país.

“Traté de hacer periodismo de la mejor manera que pude. No quería que un día mi hijo me preguntara: ‘¿papá, tú qué hiciste cuando Cuba estaba cayéndose en pedazos?’. Al menos puedo decirle que no me quedé callado”.