Stef Arreaga

Ciudad de Guatemala, 1982

Por Mariana Mora

Stef Arreaga conoció el exilio de niña, cuando su familia salió de Guatemala durante la guerra civil. Eso la ligó desde muy joven a las luchas sociales, especialmente de los pueblos indígenas y las mujeres. 

Llegó al periodismo en 2012, tras trabajar como comunicadora para una organización popular campesina. Empezó en el medio Prensa Comunitaria, donde se centró en investigaciones sobre extractivismo y el derecho a la tierra. Hasta que en 2017 una serie de abusos contra niñas que involucran a varios organismos policiales, militares y del Estado, terminaron en el incendio del albergue estatal Hogar Seguro Virgen de la Asunción, en el que fallecieron 41 niñas.

Stef acompañó a las víctimas y se involucró en el caso como querellante penal. También comenzó a investigar lo sucedido. Esta labor, dice, “me puso en el ojo del huracán”. Conocía los riesgos del periodismo que incomoda al poder. “Pero lo de Hogar Seguro era mucho más grande”, asegura. “Estaba involucrado el mismo presidente Jimmy Morales, militares, policías. Era una red muy grande de trata internacional que yo investigué”. 

Esta cobertura casi le cuesta la vida. Al salir de una audiencia del caso, un familiar de uno de los policías directamente vinculado con el incendio amenazó a Stef y su madre con una pistola. Otro día, amenazaron con arma a su hija de nueve años. También fueron acosadas y asaltadas en su propia casa por personas desconocidas y policías con pasamontañas. “Generalmente se activaban cuando iba a reiniciarse algo relacionado con el caso”.

El asesinato de cuatro familiares de las niñas fallecidas, así como la falta de respuesta de la justicia, le hizo darse cuenta de que tenía que abandonar Guatemala. En noviembre de 2021, pocos días después de un ataque armado en su casa, Stef salió del país con sus tres hijos y el padre de los niños. Su madre los alcanzó meses después. 

Llegaron a Estados Unidos como refugiados políticos y con afectaciones graves a su salud física y mental: desde depresión y ataques de pánico hasta asma. Stef dejó de trabajar con Prensa Comunitaria por temor a que tuviera implicaciones de seguridad para sus familiares en Guatemala. “No quería saber nada de periodismo”, recuerda. 

Trabajó limpiando oficinas y clínicas en las noches y haciendo entregas de Amazon en el día. Con el tiempo, ella y su familia fueron recobrando fuerzas y salud. Pudo traer a su perra de Guatemala y empezó una relación con una pareja que la ha apoyado mucho. 

Después de un tiempo empezó a colaborar con medios estadounidenses como El Planeta y Palabra. “Ahora como que se empieza a aclarar el panorama”, dice. También empezará a trabajar como maestra en un kínder y acaba de publicar su primer trabajo para el Boston Globe, un logro significativo para ella.

“Yo nunca dejo de mencionar el caso del Hogar Seguro porque para mí es una forma de reivindicar a esas niñas, de seguir buscando justicia”, dice.