Octavio Enríquez

Managua, 1980

Por Liliana rivas

Octavio Enríquez nació un año después de la revolución sandinista. Creció con la esperanza de un futuro mejor, pero la corrupción del poder lo llevó a la desilusión. Desde 2008 ha sido reportero, periodista de investigación y cronista del poder en los diarios La Prensa y El Confidencial. Sin embargo, nunca imaginó que, con el tiempo, sería una víctima más de la persecución y el exilio del régimen nicaragüense. 

Para Enríquez ―quién, además, era profesor de Periodismo― la reportería en la calle significa todo. Por eso busca que sus textos tengan un enfoque social y de servicio a la ciudadanía. “Nunca hubo interés político alguno”, dice. “El trabajo era profesional”. 

Enríquez, quien vivía en Managua, fue víctima de amenazas constantes en redes sociales desde 2018, como otros tantos periodistas nicaragüenses críticos de Ortega. A algunos de ellos, además, los encarcelaron injustamente con fabricaciones judiciales. “El Estado nos hacía ver como una prensa pagada por el imperio [estadounidense]”, señala. 

En su caso, los acosadores lo tildaban de testaferro de Cristiana Chamorro, periodista y precandidata presidencial en 2021, y su hermano Carlos Fernando Chamorro, director de El Confidencial. Debido a la persecución del régimen de Ortega contra el periodismo crítico, las oficinas de este medio fueron confiscadas en 2018 y 2021. “En Nicaragua la justicia es, desde hace años, un acto de venganza política de Ortega”, dice Enríquez. 

Por esa razón, el 24 de junio de 2021 decidió adelantarse al régimen y partió a Costa Rica mientras desarrollaba una investigación sobre el patrimonio de la familia Ortega. Había logrado tener acceso a documentos que señalaban la existencia de una red de 22 empresas vinculadas a la familia del gobernante, las cuales se nutrían del Estado. Sabía que su trabajo podría tener consecuencias.

El 6 de agosto de ese mismo año, después de enviarle unas preguntas a la vicepresidenta Rosario Murillo ya desde el exilio, agentes policiales fueron a buscarlo a su casa, ajenos a su exilio. Aún así, su familia tuvo que lidiar con la zozobra y la intimidación policial. 

Tras exiliarse en Costa Rica, Octavio Enríquez continuó trabajando para El Confidencial. En 2023 ganó una mención honorífica del Premio Latinoamericano de Periodismo de Investigación del Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) por su trabajo «La memoria del horror de las cárceles de Ortega«. 

En 2023 dejó el equipo de El Confidencial y empezó a trabajar de forma independiente. También es miembro de la mesa editorial de la plataforma periodística para las Américas CONNECTAS. «La represión nos cambió la vida, pero nunca ha podido apagar nuestra sonrisa, ni la esperanza de lograr un país mejor», señala.

Para Enríquez, regresar a Nicaragua es una meta, aunque suene idílico. Espera poder caminar una vez más por las calles de su ciudad, ver su mar y cerrar heridas personales que aún tiene abiertas. “Pondría un girasol en la tumba de mi hermano gemelo, quien murió el 8 de septiembre del 2021 sin que lo pudiera despedir”.