Michelle Mendoza inició su carrera periodística en 2009. Poco después, empezó a recorrer Guatemala para investigar temas de derechos humanos y «los problemas estructurales de nuestros países», dice. Trabajó primero en medios locales, luego en la cadena internacional CNN.
Para ella es importante señalar la diferencia entre ser periodista hombre y mujer. Las agresiones y amenazas que empezó a recibir años atrás, conforme exponía casos de corrupción gubernamental, tienen un fuerte componente machista y misógino. “Utilizan tu cuerpo para sexualizarte, acostarte y amenazarte”.
Desde 2015, varias cuentas de netcenter publicaron en redes sociales fotos suyas con mensajes denigrantes. Más tarde, durante el gobierno de Jimmy Morales, supo a través de una fuente que un militar había ofrecido alrededor de 70 mil dólares para que la violaran.
En diciembre de 2020, además, despidieron a su hermano, que trabajaba en una institución gubernamental, por un tweet de Michelle sobre el presidente Alejandro Giammattei. Semanas después, alguien envió una corona fúnebre a sus padres mientras ella cubría una caravana de migrantes que estaba siendo reprimida por el Estado guatemalteco. A los pocos meses, empezó a recibir videollamadas de hombres masturbándose y fotos con amenazas de violación.
Lo que más la asustó fue confirmar que las cuentas de netcenter estaban vinculadas a personas del gobierno. Esto sucedió cuando la magistrada Vitalina Orellana le tomó una foto que después apareció en una de estas cuentas. “Me da un ataque de pánico y digo: esto es real”.
Por temor, a partir de entonces dejó de hacer muchas de las actividades que hacía con sus hijas. Sin embargo, no dejó de hacer periodismo.
En febrero de 2022, Mendoza y CNN revelaron que Giammattei había recibido sobornos y prometido puestos en su gobierno a cambio de financiamiento electoral ilícito. Aunque ella no firmó el trabajo por seguridad, las amenazas empeoraron tras su publicación. Su familia, preocupada, le compró un pasaje de avión a Estados Unidos. Se fue de Guatemala el 3 de mayo de 2022.
Al llegar, supo que la fiscal general guatemalteca, Consuelo Porras, aprobó que la investigaran por una supuesta “obstrucción a la justicia” en el caso de corrupción de Giammattei. Tras esto, José Rubén Zamora, periodista y ex director de elPeriódico, le aconsejó que no regresara. “Dos meses después lo metieron a la cárcel y yo me quedé aquí trabada, con pánico, sola, aislada, y sin poder volver a ver a mis hijas”, que se quedaron en Guatemala.
Pese a estar exiliada, siguió recibiendo amenazas de violación. Empezó a tener ataques de pánico e insomnio. “Es necesario hablar de la salud mental porque los periodistas en países represivos, complejos y dictatoriales vivimos una cantidad de cosas que tarde o temprano te explotan en la cara”.
En agosto de este año, Michelle dejó de trabajar con CNN. Ahora es activista. “No voy a parar. Estoy buscando ayuda para periodistas exiliados, programas de atención y financiamiento para los que todavía están en el campo de guerra”, explica. “Yo quisiera que ningún colega viviera lo que yo. Sobre todo las mujeres”.