Melisa Rabanales

Ciudad de Guatemala, 1996

Por Mariana Mora

Melisa Rabanales tenía apenas cuatro años haciendo periodismo cuando experimentó la represión. 

Su carrera empezó en 2018, trabajando como freelancer. Después entró a Agencia Ocote, donde estuvo a cargo de la producción de su podcast. Se ha dedicado, sobre todo, al periodismo narrativo, especialmente sonoro. También ha colaborado con medios internacionales como The Guardian o Vice cubriendo migración, género y derechos humanos. 

El interés en esta agenda la llevó a ella y su equipo a querer cubrir el caso de Virginia Laparra, una exfiscal de la Fiscalía Especial Contra la Impunidad (FECI) encarcelada en febrero de 2022 por denunciar a un juez por corrupción. “Es un caso de referencia porque es la primera fiscal que logran meter presa”, explica Melisa.

Cuando publicó su reportaje sobre el caso en mayo de 2022, recibió ataques en redes sociales, pero no muy distintos a los que había recibido antes. “Te tachan de zurda, de chaira”. Sin embargo, pocos días después, el juez acusado por Laparra aportó como evidencia a su favor el podcast de Rabanales, por supuestamente “difamar el proceso”. 

Mientras reporteaba, Melisa y su equipo ingresaron una grabadora a la prisión con la autorización del guardia. 

Durante la audiencia el juez solicitó al Ministerio Público que investigara la entrada de dispositivos tecnológicos a la cárcel, acusándola de haber ingresado un teléfono. Sin embargo, nunca la notificó. “Yo me empiezo a enterar por el netcenter”, explica Melisa, refiriéndose a varias cuentas en redes sociales usadas para difamar y acosar periodistas. 

Desde estos perfiles se filtró la resolución de la audiencia, en la que no aparecían ni su nombre ni el de la Agencia Ocote, donde el juez solicitaba la investigación del presunto delito de ingresar aparatos telefónicos a prisión, lo cual no hizo. Estas cuentas empezaron a difundir su nombre y fotografía, ligados al supuesto crimen. 

También difundieron información de su familia y la siguieron hostigando. Una de las publicaciones que más la asustó decía: “van a amanecer incendiados como Rayuela”, en alusión a un café cuyo dueño fue amenazado y posteriormente quemado en diciembre de 2020. 

El delito del que la acusaban se paga con cárcel, algo que la ponía en riesgo de ser detenida. Probar su inocencia debía ser fácil. “Si estuviéramos en un Estado de Derecho”, aclara. Pero el caso de Laparra y de otras cientos de personas mostraba que no era así. Pocos días después, en junio de 2022, salió del país para no correr ese riesgo. 

“Te cambia la vida”, dice Melisa desde Argentina, donde vive ahora. Dejó de trabajar con Agencia Ocote porque era inviable desde lejos. En cambio, entró al área digital de Radio Ambulante. Eventualmente, hace artículos o reportajes sobre Guatemala. 

Al principio, el miedo se mezclaba con la culpa por haber salido y la sensación de haber perdido el control de su vida. Poco a poco, Melisa ha ido reconstruyendo su plan de vida para seguir haciendo periodismo con la esperanza de volver a su país algún día, cuando las condiciones mejoren en Guatemala.