Karla Pérez

Cienfuegos, 1998

Por Mariana Mora

El camino periodístico de Karla Pérez empezó por el activismo. Publicó sus primeros artículos en el blog de Somos Más, una organización civil crítica del régimen cubano en la que militaba a los 17 años. En septiembre de 2016, entró a la universidad a estudiar periodismo, pero menos de un mes después el Estado cubano empezó a acosarla políticamente, hasta empujarla al exilio. 

Durante sus primeros meses universitarios, un agente de la Seguridad del Estado sacó a Karla de clases en varias ocasiones para interrogarla. “Me cuestionaba mis publicaciones en redes sociales y mi relación con ciertos opositores y periodistas”, recuerda.  

Asimismo, las autoridades universitarias empezaron a reunirse en secreto con sus compañeros de clase para cuestionar sus ideas políticas. Finalmente, en abril de 2017, sometieron su expulsión a votación de sus compañeros, pero amenazaron con “analizar” a quienes la defendieran. Pese a que seis estudiantes desafiaron a las autoridades, Karla fue expulsada indefinidamente del sistema cubano de educación superior. 

Gracias a que su caso ganó cierta relevancia internacional, el periódico costarricense El Mundo CR la invitó a trabajar con ellos y a terminar sus estudios en el país centroamericano. Sin muchas opciones, Karla aceptó la oferta y salió de Cuba en mayo de 2017. 

Paralelamente a sus estudios, Pérez empezó cubriendo la asamblea legislativa costarricense y otros temas políticos. Durante ese tiempo experimentó por primera vez unas elecciones presidenciales populares, algo que no sucede en Cuba desde inicios de la década de 1950. También siguió las luchas de las poblaciones LGBTIQ+ e historias de migración y refugio político.

En 2019 comenzó a trabajar con ADN Cuba, medio independiente cubano donde es reportera y editora. Allí cubre temas de prisión política, migración y exilio cubano. 

Tras terminar la universidad, Karla deseaba volver a casa. En abril de 2021 intentó regresar a Cuba, pero durante una escala en el aeropuerto de Panamá, el personal de la aerolínea le comunicó que tenía prohibido entrar a la isla. Al día siguiente, “el Ministerio de Relaciones Exteriores [cubano] aseguró en una conferencia de prensa que yo era una amenaza para la seguridad nacional”, cuenta Karla. 

Su única opción fue regresar a Costa Rica y solicitar asilo político. A partir de entonces, concentró sus esfuerzos en llevar a parte de su familia consigo, algo que logró en abril de 2022. “Estuve cinco años sin ver a mis padres y mi hermana. A mis abuelos, que están todos vivos, no creo que los volveré a ver”. 

Además de la separación familiar, la expulsión y el exilio también le han dejado episodios de estrés postraumático y agotamiento a su corta edad. Sin embargo, aún piensa el periodismo como herramienta de transformación social. “Sigo creyendo firmemente que es desde el lugar donde voy a aportar al camino de Cuba. Hay días que me levanto muy pesimista, y otros días parece que algo va a cambiar”.