José Jasán Nieves

Cienfuegos, 1987

Por Mariana Mora

Desde antes de ser periodista, José Jasán Nieves entendió cómo funciona la censura en Cuba. Casi lo expulsan del bachillerato por hacer un periódico en el que criticaba una política estatal. También de la universidad, cuando propuso que la radio universitaria tuviera una línea editorial más independiente. “Desde temprano pude ver cómo lidiaban con gente incómoda”. 

Más tarde, cuando trabajó en medios estatales, lo sancionaron dos veces por artículos que publicó. Le bajaron el salario y lo sacaron de un programa por las ideas y posturas que comunicaba. 

En 2011 se graduó de la universidad. En ese momento, las únicas opciones laborales eran los medios del Partido Comunista ―donde ya trabajaba como estudiante―, así que se mantuvo ahí hasta que en 2014 tuvo la oportunidad de hacer periodismo independiente. Ese año se fundó El Toque, un medio digital independiente al que José llegó en 2015 y ahora dirige. 

Lo que más le gusta es la inmediatez, las noticias diarias, pero en su carrera ha pasado por casi todos los géneros y formatos periodísticos. Fue reportero de calle, productor y conductor de un noticiero, hizo podcast, video y formatos multimedia para web. También ha cubierto todo tipo de temas, pero los que más le interesan son los económicos y jurídicos. 

Durante varios años, José vivió el hostigamiento del Estado de una forma que describe como pasivo-agresiva: llamadas constantes y más de veinte interrogatorios de agentes de seguridad. Pero en el 2019 “este juego del gato y el ratón pasó a ser directamente agresivo”, cuenta desde su casa en Estados Unidos, donde vive ahora. 

Los interrogatorios aumentaron ese año. Un día dos policías llegaron a su casa y, sin orden judicial, le prohibieron salir. “Eso es una típica detención arbitraria domiciliaria”, una práctica común del Estado para impedir que los periodistas hagan su trabajo. Su hija pequeña estaba en casa y vivió la intimidación contra su padre. 

“La sola existencia de una voz no controlada por el aparato del Partido Comunista ya se convierte en razón para ser perseguido. Da igual de lo que escribas”, explica José. Poco después de la detención domiciliaria, salió de Cuba para dar unas conferencias y estando fuera supo que tendría un segundo hijo. No quería que sus hijos estuvieran expuestos a más violencias y decidió, con su pareja, que no regresarían. 

Pese a las dificultades de dejar su país, José considera que estando libre del acoso estatal, puede hacer mejor su trabajo, aunque con los retos que implica hacer periodismo desde el exilio. Hay cosas que eran imposibles en Cuba, como tener una cuenta bancaria para el medio o constituirse como una entidad legal. Pero estar en un entorno seguro reduce el estrés al que estaba expuesto en su país.

Ahora se concentra especialmente en conseguir recursos para financiar la sostenibilidad del medio. “Esta es una misión para mí: hacer posible que la mayor cantidad de creadores cubanos sigan haciendo periodismo, sigan haciendo algo por su país”.