Germán Dam fue uno de los pocos periodistas venezolanos que cubrió temas policiales y judiciales en Ciudad Guayana, estado Bolívar, desde el año 2007. En 2019, luego de varias protestas multitudinarias contra el gobierno de Nicolás Maduro -en las que hubo más de un centenar de muertos y miles de detenidos-, denunció varias irregularidades en el sistema de justicia, lo que posteriormente le obligó a huir de Venezuela.
Hasta el 2015, Dam fue un colaborador asiduo del diario Correo del Caroní, donde realizó periodismo diario e investigativo. Posteriormente, trabajó de forma independiente y como fixer para publicaciones internacionales. Paralelo a esto, ejerció como abogado, carrera que estudió junto a la de Comunicación Social.
Durante su trabajo en el oriente venezolano, recibió múltiples amenazas a través de Twitter luego de informar sobre enfrentamientos entre comunidades indígenas y funcionarios de la División de Contrainteligencia Militar (DGCIM) en el Parque Nacional Canaima, conocido por albergar un complejo entramado sociopolítico de minería ilegal.
Sin embargo, la cobertura periodística que lo obligó a exiliarse ocurrió en 2019, cuando las protestas en Venezuela se intensificaron debido a la crisis política provocada por la reelección presidencial de Nicolás Maduro. Dam, quien llevaba un registro de los manifestantes detenidos en el estado de Bolívar, denunció a través de redes sociales que las juezas de los procesos les estaban negando su derecho a tener abogados privados, imponiéndoles representantes públicos del Estado.
Poco después, empezó a ser acosado por vehículos de los servicios venezolanos de inteligencia (DGCIM y SEBIN) fuera de su hogar y en zonas de trabajo. «Unos colegas abogados me advirtieron que las juezas me iban a denunciar por [supuestos casos de] escarnio público y violencia de género, pero pensé que el que no la debía no tenía por qué temer», recuerda.
Pero en efecto: unos pocos días después, el 28 de enero de 2019, Dam fue denunciado públicamente por un supuesto caso de violencia de género. Por tal motivo, el 1 de febrero huyó a Brasil, dónde tenía algunos amigos. Allí estuvo dos meses, tras los cuales se fue a Portugal, donde reside desde entonces.
Dam señala que debido al exilio ha perdido relaciones personales importantes, pero sobre todo la oportunidad de mantenerse cerca de su hijo. Sin embargo, lo consuela el hecho de que gran parte de su familia está asentada en Portugal, al igual que él.
Tras exiliarse, Dam trabajó en una fábrica de calzado, en el armazón de torres de alta tensión y en la construcción, donde sigue empleado hasta el momento. No obstante, señala que este trabajo está muy lejos de despertarle la misma pasión que el periodismo, que sigue haciendo esporádicamente. «Yo estaba bien, pero bueno, no era lo que la vida tenía planeado para mí», concluye.