Lo que a Darío Alemán le gustó más de los medios independientes fue poder escribir lo que él quisiera. Empezó a hacerlo alrededor de 2016, cuando tenía 22 años, era estudiante y tenía que publicar con seudónimo. En contraste con los medios del Estado ―en los que había hecho sus prácticas universitarias― tenía libertad, no solo editorial sino estilística. Así empezó su colaboración con El Estornudo, una revista independiente cubana de periodismo narrativo.
“Había décadas que no habían sido contadas”, dice. Era una época que él describe como el “período dorado de Obama,” en que el Estado cubano solo bloqueaba el acceso a los medios independientes digitales y había que usar VPN para acceder.
Por un tiempo, Darío pudo reportear los temas que le interesaban. Aunque siempre fue muy cuidadoso de no exponerse, los tiempos hacían creer que ese margen de acción duraría. “Me creía intocable”, recuerda. Pero el periodo dorado terminó en 2017 con una ola represiva contra periodistas independientes.
Se volvió cada vez más difícil salir a reportear. Cuando sucedía algo de interés periodístico, aparecían agentes del Estado afuera de su casa ―y de más periodistas independientes― para impedir que hiciera su trabajo bajo amenaza de ser detenido. También le cortaban el acceso a internet. Sin embargo, Darío encontró formas de seguir cubriendo manifestaciones y otros asuntos que el Estado quería invisibilizar.
Con el hostigamiento también vinieron cuatro interrogatorios que ahora ve con humor. Hablar con los agentes de Seguridad del Estado era surrealista, dice. “Lo realmente desagradable era que amenazaran a tu familia”. Por ejemplo, con la posibilidad de negarle la renovación de residencia a su esposa, española.
Durante los interrogatorios, los oficiales amenazaron a Darío con encarcelarlo si no renunciaba públicamente a su labor periodística. También estaba la amenaza de ser “regulado”, es decir, que le prohibieran la salida del país. Por eso, en noviembre de 2020, inmediatamente después del último interrogatorio, se aseguró de no estar “regulado” y tomó el primer vuelo que encontró hacia México.
Como a la mayoría de periodistas exiliades de Cuba, la persecución a Darío no derivó de alguna publicación en particular, sino del hecho de trabajar en un medio independiente. Esto fue más evidente cuando se dio cuenta de que quienes lo vigilaban ni siquiera habían leído sus textos.
Ahora Darío trabaja como jefe de redacción en la Revista de la Universidad de México. Aunque se siente privilegiado de tener un trabajo que le permite tener una residencia en el país, no hace tanto periodismo como quisiera. Sigue escribiendo para El Estornudo, pero siente un “desfase” entre la realidad que narra desde fuera y lo que está sucediendo allá.
No sabe si puede volver a Cuba, pero, además del temor de ser encarcelado si regresa, siente que ha perdido una gran parte de su vida en la isla: muchas de sus amistades, familiares y colegas han salido también y ni siquiera podría hacer periodismo. “Es difícil porque cada vez queda menos de ti allá, excepto el compromiso político”.