Desde su tercer año en la universidad, Cynthia de la Cantera sabía que no quería trabajar en los medios de comunicación del Estado. Por eso, cuando se graduó en 2013, trabajó en un centro de investigación sobre audiencias, hasta que en 2015 surgieron nuevos medios independientes y, con ellos, la oportunidad de hacer el periodismo en el que creía.
En 2018 empezó a trabajar con el medio independiente YucaByte, con el sigue colaborando. Comenzó cubriendo temas culturales y sociales y después amplió su agenda hacia temas ambientales y de salud pública. En 2020, su cobertura de estas problemáticas la hizo finalista del Premio Gabo en la categoría texto con el reportaje El otro precio del níquel.
Durante dos años pudo trabajar relativamente tranquila: escuchando historias de interrogatorios y detenciones a colegas, pero sin que éstos la alcanzaran. Hasta finales de 2020, cuando comenzó a ser acosada por los aparatos represivos del régimen debido a su trabajo.
Desde entonces, y durante casi dos años, la Seguridad del Estado (S.E.) le realizó alrededor de diez interrogatorios con mucha violencia psicológica. Allí era usual que oficiales estatales la presionaran para que renunciara al periodismo. En febrero de 2022, el Ministerio de Comunicaciones (MINCOM) la multó por violar el Decreto-Ley 370, que criminaliza la difusión de información contraria a los intereses del Partido Comunista. Aunque presentó quejas ante la Fiscalía y el MINCOM, estas no fueron atendidas.
Después de varios interrogatorios, durante los cuales llegaron a amenazarla incluso con abrirle un proceso penal, Cynthia cedió a publicar en su Facebook su renuncia a YucaByte. Sin embargo, siguió haciendo periodismo de forma anónima, extremando las medidas de seguridad.
Quiso salir de Cuba, pero no era fácil. En noviembre de 2022, cuando se disponía a abordar un avión con destino Alemania, agentes de migración le informaron que estaba “regulada”, es decir, que el Ministerio del Interior (MININT) le prohibía salir del país.
Días después, durante su último interrogatorio, un oficial le dijo que le retirarían la “regulación” si grababa un video en el que dijera que el gobierno de Estados Unidos le había pagado por hacer periodismo independiente y firmaba un compromiso de no seguir haciéndolo desde el extranjero. No tuvo otra opción. Once días después de su primer intento, pudo salir del país.
Actualmente, Cynthia es solicitante de asilo y refugiada en Alemania. Tiene prohibido el ingreso a Cuba, según le dijo un oficial del Estado. Toda esta situación ha afectado su bienestar debido al estrés, la ansiedad y el aislamiento. Sin embargo, sigue haciendo periodismo desde el exilio, convencida de que es un trabajo vital para la sociedad cubana. “Necesitamos darle información a la gente porque la gente necesita saber dónde está viviendo”.