Carolina Briceño

Maracaibo, 1977

Por Liliana rivas

Con más de 25 años de trayectoria, Carolina Briceño fue la primera periodista venezolana en ser vetada del Palacio Presidencial de Miraflores en 1999 por sus preguntas “incómodas” al expresidente Hugo Chávez. Hoy está exiliada en Colombia, donde sigue siendo perseguida y criminalizada por el gobierno venezolano.

Briceño ha trabajado en una larga lista de medios que incluye a El Nacional, El Globo, la Agencia Internacional EFE, la Cadenas Capriles, El Mundo y El Impulso. En ellos publicó primicias relacionadas con temas militares e investigaciones sobre testaferros y casos de corrupción en empresas estatales. Debido a esto, recibió amenazas y advertencias de personas adeptas al chavismo desde inicios de los 2000.

En 2017, Briceño se enfrentó al Estado luego de ser despojada de su apartamento. Descubrió que el caso estaba relacionado con una juez cercana al régimen que, junto a varios de sus vecinos, conformó un plan para sacarla de su vivienda en represalia por su trabajo periodístico. “Fui a denunciar lo que nos habían hecho a mí y a mi hija, pero un militar me dijo que me callara porque me podía llevar presa por ser una periodista opositora”, recuerda. 

En paralelo, la fiscalía le había abierto un expediente por ser una presunta «terrorista» con armas de diferentes calibres para distribuir durante las protestas políticas. La entidad tenía como testigos a vecinos suyos afines al chavismo. Sin embargo, al no haber ninguna prueba, la periodista quedó libre bajo un régimen de presentación.

Sin embargo, ese mismo día la jefa de la delegación policial la amenazó con «desaparecerla» si insistía en contar los atropellos judiciales contra ella. Por ello, tomó la decisión de esconderse. “En un día, mi vida se desmoronó”, cuenta. “Me moví por varios sitios del país, mi hija dejó su carrera y bajé mi perfil”.

Luego de esta situación, su expediente judicial desapareció de forma inexplicable. Un día que visitó Caracas, recibió una llamada de unos «funcionarios» no identificados que la amenazaron con buscarla. Por el bienestar de ella y su familia, decidió irse a Colombia en 2018. Sin embargo, la persecución del régimen no terminó allí.

En enero de 2023, Briceño fue objeto de una campaña de hostigamiento a través de plataformas digitales y redes sociales, luego de exponer, en el diario El Nacional, a testaferros del hijo de Nicolás Maduro. “Tuve que irme de Cúcuta, en la frontera con Venezuela. Conocía a personas que el Ejército de Liberación Nacional (ELN) secuestró para entregar al gobierno venezolano, y yo estaba sola”, cuenta.

Actualmente reside en Bogotá, Colombia. Tras cancelar su permiso de protección temporal (PPT), inició el proceso de obtención del estatus de refugiada, lo que le impide trabajar por el momento. Como exiliada, ha denunciado múltiples veces la falta de atención de organismos como la Defensoría del Pueblo de Colombia y la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), lo que la ha dejado en un limbo jurídico migratorio.

“Creo que el periodismo, que es mi pasión, también puede acabar con mi vida” concluye.