Abraham Jiménez Enoa

La Habana, 1988

Por Mariana Mora

Si alguien le hubiera dicho a Abraham Jiménez en 2016 que siete años después estaría en las Islas Canarias, sin poder volver a su país, no lo hubiera creído. En ese momento, el hostigamiento del Estado cubano a periodistas independientes jóvenes apenas empezaba. “Cuando se dieron cuenta de lo que estábamos contando, pisaron el acelerador y comenzó un tenebroso día a día”.

Abraham publicó su primer texto periodístico tras graduarse, en 2012, en un medio privado en el que trabajó durante tres años. En 2016, tras la llegada de Internet a Cuba, fundó con otros colegas El Estornudo, una revista digital de periodismo narrativo.

Hasta ese momento había escrito fundamentalmente sobre deportes. Pero en El Estornudo empezó a narrar historias poco conocidas de Cuba, desde temas de derechos humanos hasta el empoderamiento de la sociedad civil. 

En 2017, tras publicar una crónica sobre una red de perfiles falsos que el régimen cubano utiliza para generar matrices de opinión y atacar a opositores en redes sociales, sufrió su primer interrogatorio. Allí, le quitaron su celular y su computadora y lo detuvieron todo un día. “Pero el motivo real es existir y hacer periodismo”, explica Abraham. 

El hostigamiento no cesó hasta que salió del país en enero de 2022. Durante todo ese tiempo la Seguridad del Estado lo sometió a secuestros exprés, detenciones domiciliarias y otras formas de acoso. También dejó sin trabajo a sus padres y hermana. 

Durante una detención, lo desnudaron, lo interrogaron con cámaras y mostraron el video en un noticiero televisivo, acusándolo de ser agente de la CIA. “Es una estrategia que busca silenciarte y desgastarte y, en mi caso, tuvo efecto”, dice. El Estado también hostigó a sus amigos y lo fue aislando. “La pasé muy mal a nivel de salud mental porque no tenía con quién hablar”.

Entonces Abraham era muy visible a nivel internacional por sus columnas en el diario estadounidense Washington Post. Encarcelarlo hubiera tenido un costo simbólico para el gobierno cubano. En cambio, el régimen le ofreció tramitar su pasaporte para que abandonara el país. Lo hizo en enero de 2022, con su pareja y su hijo, a cambio de no regresar.

Sin embargo, la persecución no ha parado. En tres ocasiones, hombres cubanos, presumiblemente vinculados al régimen, lo han intimidado en Ámsterdam, Madrid y Barcelona. 

El año pasado publicó su primer libro, llamado “La isla oculta”, donde compila historias periodísticas que ayudan a desentrañar la realidad cubana. Ahora trabaja en su segundo libro, que documenta su exilio, y está por terminar un documental que refleja cómo es hacer periodismo independiente en Cuba. 

En 2022 recibió el Premio Internacional de la Libertad de Prensa que otorga el Comité para la Protección de los Periodistas, y en 2023 el reconocimiento al Periodista del Año de la organización One Young World.

“Yo siento en mi cuerpo y mi cabeza que ha pasado por encima de mí un huracán”. Pero también siente que, después de todo, está empezando a reconstruir su vida. “Estoy como volviendo a nacer”.